Era mi cumpleaños ydecidí pasar el día con mis amigos en la playa. El sol estaba radiante, en las noticias decían que el mar iba a estar tranquilo y ya teníamos todo preparado: la comida, las bebidas, el equipo de primeros auxilios, la música, etc. Todo lo necesario para pasar un día inolvidable. Ya en la carretera, mientras mi mejor amigo estaba al volante, no podía dejar de pensar en que habíamos olvidado algo. Pero… ¿el qué? Fui haciendo memoria y por más que lo intentaba, no lograba dar con aquello que creía que habíamos olvidado. Finalmente llegamos, extendimos las toallas en la arena, sacamos las bebidas y pusimos música en el coche, a todo volumen. Luego, nos fuimos a dar un chapuzón en el mar. Estuvimos nadando un rato y conversando acerca de lo que haríamos más tarde. Estaba siendo un día genial. A media tarde decidimos regresar a casa, pues teníamos que prepararnos para la fiesta de por la noche. Ya en la carretera, el pensamiento que había tenido durante el viaje de ida volvió a rondar por mis pensamientos. Y como si de un mal presagio se tratara, el coche se paró de repente y parecía no querer volver a arrancar.Nos bajamos y fue entonces cuando caí en la cuenta de que había olvidado por completo ir a la tienda de repuestos de coches a la que había planeado ir por la mañana, por si ocurría una emergencia. Y efectivamente, la emergencia ocurrió y no teníamos las piezas necesarias para ponerle solución. Menos mal que uno de mis amigos es amante del mundo automovilístico, y tras inspeccionar un poco, nos dijo que se trataba de un desperfecto ocasionado por un repuesto de mala calidad, que además no coincidía con el modelo de mí coche. Requería recambios ford y no genéricos o de otra marca que, aunque puedan funcionar al principio, pueden ocasionar desperfectos como el que me ocurrió a mí. Finalmente tuvimos que avisar a la grúa. Nos perdimos la fiesta de por la noche, pero me sirvió para aprender la lección.
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