Vida Silvia Ojanguren Amar es un arte especial En estos tiempos en que los sentimientos se han convertido en objetos que pueden ser comerciados, vale la pena reflexionar sobre las emociones El Día del Amor y la Amistad está a la vuelta de la esquina y quizá es momento de pensar en que estos sentimientos tienen mucho que ver con dar, un ejercicio sobre el cual el sicólogo Manuel Bezanilla dice que “hay quienes piensan en dar como una actividad mercantilista”, motivada en la medida de “lo que voy a recibir: cosas, objetos o beneficios”. Esto, señala, lleva a considerar a la persona como un objeto, en un escenario en el cual la gente y los sentimientos, como el amor, se han convertido en algo que puede “ser comerciado”. Bezanilla, especializado en sicodrama clínica y sicoterapia de grupo en el Centro de Estudios Psicodramáticos (Cepsi), cuenta que hay personas que pretenden “adquirir amor mediante la posesión de poder, prestigio, bienes... mientras otros pretenden venderlo a través de belleza, seducción, sexo...”. Las relaciones humanas se erosionan, se confunden y, de acuerdo con el experto en asuntos de la mente, “esto ha llevado a una búsqueda frenética por ser amados, en lugar de amar, es decir que a través de la venta de objetos, virtudes y cualidades, las personas buscan ser amadas”. Además, señala que en los tiempos actuales se tiende “a buscar estimulación y motivación en los objetos externos que se puede consumir en los medios y los aparadores, así también deposita la responsabilidad sobre sus emociones y acciones en elementos externos en lugar de asumir esta responsabilidad en su interior”. Salto al vacío Esto no es otra cosa que “un signo de profundo enajenamiento y soledad interior, que produce un sentimiento de separación, desolación, una sensación de incapacidad para controlar las fuerzas que rigen la existencia”. De acuerdo con el sicólogo Bezanilla, cuando una persona no logra superar la ansiedad existencial, “tenderá a buscar de manera compulsiva (adictiva) la producción de estados alterados de conciencia (drogas, alcohol, orgasmo, etcétera), donde se tiene una sensación de unión y fusión total”. Ante esta escena negativa, dice, hay que recordar que el amor es un ejercicio de dar y, ¿qué es dar?: “Parafraseando a Fromm, es la más alta expresión de potencia productiva del ser, donde la persona experimenta en pleno su vitalidad y su poder humano, todo el ser se implica en el acto, lo que significaría que si mi dar es pobre o débil, mi ser y mi potencia vital se encuentran en la misma condición”. Bezanilla agrega que dar significa que las dos personas se brindan mutuamente para la construcción de algo más grande que ellas y los participantes se sienten agradecidos por la vida que nace en este acto. Entonces, “el amor es un poder para producir amor, por lo que si nuestro amor no produce amor en las personas que nos rodean, nuestro amor es impotente para la vida y la creación”, afirma. El sicólogo no deja pasar por alto que “un elemento fundamental del amor es el cuidado, considerándolo como la preocupación activa por la vida y el desarrollo de lo que amamos. Esto se conecta con la responsabilidad, como un acto de voluntad donde la persona asume su implicación y se encuentra dispuesta y lista a responder a las necesidades del otro, de forma explícita o implícita”. Y, menciona, nadie debe olvidar “el respeto como aquella capacidad de ver y percibir al otro tal cual es”.
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