AMOR Suscribo con Erich Fromm que el amor es un arte, no tanto una pasión impuesta, y que como tal implica una elección, una decisión e incluso actitudes, aunque lo ejerzamos irracionalmente
No faltará el avezado neurólogo que pruebe científicamente que el Amor es como el hambre, una necesidad biológica, fisiológica, psicológica, inalienable, irrefrenable e insustituible y dirán también los que saben que el Amor es diferente al sentimiento de alegría o del odio, aunque esté tan estrechamente ligado a ellos.
No faltará quien se remita a la definición de Amor que le envió San Pablo a los Corintios, en una carta que ya leemos todos, donde afirma que el Amor “Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” y además, aquello de que “El amor es sufrido, benigno; no tiene envidia, no es jactancioso, no se envanece, no hace lo indebido, no busca solamente lo suyo, no se irrita, no guarda rencores, no goza con injusticias y, por el contrario, goza de la verdad”.
No faltará quien cuestione el infinito amor de los padres, abuelos e hijos, hacia y desde ellos, como infinito manantial que a veces parece olvidarse, darse por hecho, y nublado por tantas circunstancias y sentimientos que, en realidad, no alteran en lo más mínimo la definición esencial del Amor. Habrá incluso quien suponga que el Amor encarnado, la mujer única de toda una vida, deja de serlo por obra de distancias, tiempo, odios, desencuentros o la supuesta separación eterna, cuando en realidad, al parecer, el Amor —incluso si se multiplica o cambia, si se llegase a conjugar en otros labios— no borra u olvida del todo las manifestaciones de ese mismo Amor que lo preceden; quizá se supere, se mejoran cada una de sus sílabas y transpire savia mejorada en otros poros y sudores, pero seguirá siendo —por lo menos, de una de las dos partes— el mismo Amor de siempre. Es decir que el que ama de verdad seguirá siendo el que es, aunque cambie y se vuelva un seré… y para no meterme en más enredos, suscribo con Erich Fromm que el amor es un arte, no tanto una pasión impuesta, y que como tal implica una elección, una decisión e incluso actitudes, aunque lo ejerzamos irracionalmente.
Según la Biblia Wikipedia de nuestros tiempos cibernéticos, el Amor es humano, aunque pueden probarnos que los delfines, los caballos o los perros también se aman y llegan a amarnos y se hacen amados. El mismo vademécum afirma que hay Amor filial, fraternal, romántico, platónico, sexual, homosexual, patriótico, filosófico, moral, teológico, metafísico, universal, biológico… etc. Lo que no añade la Wikipedia es que hay amor metrosexual (me consta): el que destilan los adonis ante el espejo y el que se percibe efímera pero precisamente en un vagón del Metro; hay amor gastronómico y de allí los apodos cariños que identifican al amado como “bombón” y a la amada como “mi enchilada eterna”; hay amor inventado, como el que se mantiene en absoluto secreto con una maniquí que nunca envejecerá y amores cerdos u ovejeros, como el que padecen ciertos granjeros ante el estupor del mundo entero.
Hay amores que matan, amores del recuerdo, en pantalla digital o celuloide, y amores puros a personajes literarios o a los libros mismos, alineados en estanterías o abiertos sobre la mesa de la cocina, revolcados ejemplares en plazas y jardines o volúmenes consentidos que nos acompañan en viajes inolvidables…. Hay amores falsos, que hoy seguramente se han inventado festejo con globos y rosas, y amores indecibles, amores eternos, subterráneos, ultraterrenos, ultramarinos, etéreos, galácticos, hiperglucémicos, cancerígenos, epidérmicos, conflictivos, imprudentes, inocentes, ignorantes, enciclopédicos, submarinos, aeróbicos, panaderos, rimbombantes, ociosos, elegantes y fachosos…
El Amor es instante y es eterno, es tan conocido como desconocido. No se aprende y se aprehende, es contagioso y envidiable, legible e invisible… Es Amor toda la cursilería imaginable, todo lo que cabe en una película lacrimógena, en los anuncios de yogur y en la infinita inquietud que despierta en un niño de primaria, el largo sosegado silencio que comparten los abuelos, el abrazo sin palabras entre amigos de verdad… Pero es también Amor el duelo por la pérdida de los seres queridos y la mirada perdida en un paisaje que quizá no se volverá a contemplar jamás, es Amor lo que hablan las olas en la costa y el rumor de quién sabe qué entre los senderos más ignotos de un bosque… Es Amor la palabra y el nombre… la madrugada de insomnio mutuo, la larga noche separados, el amanecer despeinado…
Es Amor y perdonen que parezca declaración de aguafiestas, negar precisamente hoy la fiesta inventada por razones meramente comerciales, los chocolates a precios desorbitantes, la carestía de las rosas, los restaurantes llenos, las tarjetas con mensajes redactados por un amanuense publicitario… y en aras de equilibrio, habría que conmemorar hoy también los enigmas del desamor, los dardos de la desidia y el tedio que magullan todo Amor, las heridas del odio y de todas las formas de la agresión que mancillan al Amor, los olvidos, corajes, los vados irascibles y la falta de corazón o sensibilidad que tanto atentan contra el Amor… Hablo de esa indescriptible necedad de dejar pasar, a costa de perder instantes invaluables o de no tener la ocurrencia de invitar a pasar, a costa de que nos quedemos en la banqueta siempre a la espera… Hablo de que no solamente hoy por ser hoy, sino mañana por ser precisamente mañana, sería buen día para no dejar sin decir el Amor que podemos sentir…
No faltará quien me culpe de meloso y deguste toda la posible cursilería que conllevan estos párrafos de saudade, melancolía, soledad y confusiones arrastradas, pero son sinceros: hoy quería escribir que Amor es también recuerdo, vacío, miedo, soliloquio, soledad, distancia, clima, espejo, ventana, ajeno, propio, silente, silencioso… silencio. JORGE F. HERNÁNDEZ
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