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Desaprender lo aprendido
Descripcion Desaprender lo aprendido. Por José Carlos García Fajardo
3.8
Rango
Autor
  Nombre : E Ayala
Edad : 5
Ubicacion : Leon, mexico
Profesion :


 

 

Desaprender lo aprendido 

 

Por José Carlos García Fajardo

Como decían en la Institución Libre de Enseñanza: Es preciso
desaprender lo aprendido. Durante años, nos han inculcado la seguridad
como valor fundamental. Nos han enseñado a huir del dolor, aún sin
descodificarlo para conocer su mensaje. Nos hemos movido bajo
criterios de culpa más que con los de la responsabilidad personal y
social.

Han creado en nosotros como una segunda conciencia, un reflejo
condicionado que se dispara como un mecanismo del que ya no somos
conscientes: "No vale más lo que más cuesta" o lo que no cuesta no
vale. Esto es confundir valor con precio. A mi no me cuesta querer a
mis amigos, a mi esposa, a mis hijos y a mis nietos, no me digan que
eso no vale y que no es virtuoso.

Me cuesta más herir y hacer sufrir, no cumplir con las tareas que he
asumido, no disfrutar de la naturaleza y del silencio, de la música y
de la comida, del erotismo y del sexo, de los buenos libros y de los
viajes, del placer de un silencio compartido, de la búsqueda de la
verdad y de la justicia, de la libertad y de la solidaridad.

Lo que me costaría mucho serían la mediocridad y la codicia, la
envidia y la calumnia, el hacer daño a otro conscientemente, no saber
decir "lo siento". Me cuestan lo vulgar y lo obsceno, la
insensibilidad y las ofensas gratuitas, la falta de responsabilidad y
la infidelidad a la palabra dada, la falta de lealtad y el egoísmo, la
vanidad que se me escapa y la impaciencia que se puede transformar en
ira. Me cuesta más el desorden que el orden, actuar sin coherencia que
sopesar las posibilidades, la suciedad que la higiene, pisar una flor
que cultivar un jardín, beber un mal vino que beber agua, el ruido que
el silencio, la ordinariez que la elegancia. Me abruman los halagos y
prefiero la austeridad sin estridencias.

Debería subrayar todo lo positivo que ha habido en mi vida, los goces,
las caricias, los saberes compartidos, las enseñanzas -aún las duras-,
los buenos paisajes, los viajes que he tenido la dicha de realizar,
las universidades en las que he estudiado y los maestros que he
tenido, los afectos recibidos y compartidos, las ricas comidas y
bebidas, los tejidos auténticos y sencillos, los baños y el sol, la
nieve y la lluvia, el sueño y las vigilias... la familia. Y ese regalo
de los nietos que, según la retranca hassídica, son "la recompensa que
nos da el Cielo por no haber matado a los hijos". Me imagino que
quieren decir, por haberlos cuidado sin rendirnos.

Y la amistad, que contiene y perfecciona todas las formas de amar
verdaderas. También el don de haber descubierto que nacimos para la
felicidad, y que ésta consiste en ser uno mismo. En poder hacer lo que
queremos, y de que el camino está en querer lo que hacemos.

Una de las mayores satisfacciones que he tenido ha sido ocuparme en la
enseñanza. Si a eso le llaman trabajo para obtener un salario y poder
sostener a mi familia, me entristecería. Ese quehacer, esa faena, esa
labor de enseñar y de compartir los saberes ha sido lo que me ha
mantenido y me mantiene. Ahora que ya no tengo clases renovadas cada
año de alumnos, ni prácticas ni exámenes ni seminarios ni formar parte
de tribunales… qué alivio poder dedicarme a compartir los saberes. A
escribir y a leer, a mantener un blog y a enviar cada semana artículos
a medios de comunicación. A editar artículos de otras personas, poder
ir al cine y al teatro, frecuentar las exposiciones y vivir, cada día
y a cada momento, para abordar esta fase para la que nadie nos había
preparado, como lo hicieron para trabajar y para sobrevivir en la
lucha. Me refiero a la vejez, a esta sorpresa que te desborda con una
nueva disminución de capacidades que tenías adquiridas. Y se presentan
así, como si nada, de la noche a la mañana, y cuando llega la noche y
te preguntas por dónde amanecerá la gotera del alba.

Hablan de la experiencia adquirida, de la sabiduría, del control de
las pasiones, qué remedio, de la prudencia que no es más que
precaución ante lo que se puede presentar, y se presenta. Se atreven a
denominarla "edad dorada", "tercera edad", "tiempo de plenitud y de
sosiego", el de los seniors venerables. Tonterías ahora que el
marketing nos ha descubierto como "nicho" de consumidores.

¿Serán torpes? Nos hablan de nicho, a nosotros que estamos
adaptándonos a este cambio radical. Y vaya si cuesta. Personalmente he
padecido en un año todas las intervenciones quirúrgicas y dolencias
para las que no había tenido tiempo durante setenta años vividos. Por
eso, me reafirmo en celebrar el vivir de cada día. Parodiando a John
Milton, porque tengo los años que todavía no he vivido.


Fuente: Blog Jubilatería
http://lacomunidad.elpais.com/jubilateria/2008/4/2/celebrar-vida-002-desaprender-aprendido

 


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TAGS : responsabilidad  , cambio radical  , universidades  , tercera edad  , consumidores