La satisfacción que produce una buena comida o el placer que da comer a escondidas un chocolate o pastel prohibidos en la dieta, o aún la descarga de adrenalina que se produce al realizar una apuesta o tomar cierto riesgo, puede ser una señal de que se es víctima de una conducta compulsiva.
Especialistas de Gente contra la ansiedad nos explican que una característica común a todas estas adicciones “no tóxicas” es que los afectados ocultan el problema, incluso a ellos mismos.
Atrapados sin salida
Se sabe de comedores compulsivos que a media noche buscan restos de alimentos de envases vacíos y en la basura, todo para que los demás no se den cuenta de su voracidad. Otros, antes de llegar a casa, devoran bolsas de papas fritas y se deshacen de las evidencias, aseguran.
En esta organización dicen que existe otro rango de víctimas de la compulsión: personas que no duermen con tal de jugar en los casinos virtuales de internet, a escondidas de sus familiares. Otros, adictos a las compras, deben grandes cantidades de dinero y sobregiran su crédito.
Comprar es emocionante por varias razones: incorporamos algo nuevo a nuestras posesiones, podemos ser envidiados, sentimos que aumenta nuestra capacidad de éxito y seducción, pero cuidado, puede ser que seamos compradores convulsivos.
Incluso hay quien se coloca en la línea de la ilegalidad. La cleptomanía, ese extraño impulso a robar algo es provocado por la emoción intensa que proporciona el riesgo, el deseo de dar el golpe como por la posibilidad de ser descubiertos.
Presiones peligrosas
Gente contra la ansiedad explica que estás tendencias compulsivas son una respuesta a la tensión. Se trata de un desvío hacia otra actividad que “nos distrae, nos da placer o nos brinda una preocupación distinta”, dicen.
Es la dependencia habitual a una práctica que escapa del control de la voluntad, comportamientos que se pueden convertir en patológicos. Advierten que entre la afición y la adicción existe una delgada frontera que a veces es difícil identificar.
La conducta compulsiva, insisten, se puede considerar adicción no tóxica o sicológica. Por lo general, las personas que sufren de una adicción sicológica temen pedir ayuda, no se consideran enfermos o sienten vergüenza.
Los motivos
Muchas personas caen en conductas compulsivas para evadir situaciones de angustia o ansiedad, escenario en el cual la comida es un salva-angustias muy utilizado. Comer produce placer y con ello nuestras preocupaciones parecen ocultarse momentáneamente. Hacerlo compulsivamente supondría alejarse permanentemente de la angustia. El sexo también puede tener el fin de olvidar los problemas, pues nos hace concentrarnos en el placer del cuerpo, por lo que puede también convertir-se en una conducta demasiado frecuente.
Salida de emergencia
Los expertos nos señalan que las conductas compulsivas pueden distraernos u ocultar los sentimientos de angustia o ansiedad por un tiempo, pero la verdad es que el problema no desaparece, al contrario, se complica más debido a las consecuencias que estas conductas desencadenan.
Afortunadamente, afirman, no es necesario tocar fondo para salir del hoyo. Cuando se detecta el problema, lo importante es pedir ayuda, y cuanto antes mejor, sin esperar años para reaccionar. Es necesario abandonar la fantasía de que se puede salir por uno mismo; hay que evitar el autoengaño de que el problema no es para tanto.
Lo primordial es identificar lo que nos angustia o provoca ansiedad, evitar un exceso perjudicial e innecesario de malestar, conociendo de qué forma y por qué razones se dispara su presencia. Pensar y escribir sobre lo que nos preocupa nos ayudará a resolver las dificultades y nos alejará de la ansiedad y de las conductas compulsivas.