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JUNG.POR LAURA MORANDINI
Descripcion
ENTRE LA ALQUIMIA Y EL CHAMANISMO.CONFRONTACIÓN CON EL INCONCIENTE COMO PRUEBA INICIATICA. POR LAURA MORANDINI Y ARIEL CHRIS
5.1
Rango
Autor
Nombre
:
E Ayala
Edad
: 5
Ubicacion
: Leon, mexico
Profesion
:
El hombre en su necesidad constante de progreso y avance tecnológico, con el
pasar del tiempo ha ido poco a poco despreciando la forma de pensamiento
simbólico y mítico, considerándolo como mera fantasía de los pueblos
primitivos así como contraproducentes para su evolución.
Las culturas de los pueblos antiguos (Babilonios, Egipcios, Mayas, entre
otros) desarrollaron un complejo sistema de pensamiento abstracto/sagrado
siendo la Qabalah, la Alquimia, la Astrología y El Tarot manifestaciones que
llegaron hasta nosotros, pero que aún son consideradas por los profanos
puras supersticiones. Este conocimiento universal se expresa
fundamentalmente a través de símbolos que los iniciados están obligados a
dominar ya que las imágenes míticas otorgan la posibilidad de conexión con
el sendero sagrado y la memoria de la naturaleza, lo cual resulta totalmente
inaccesible por medio del pensamiento lógico.
Dentro de la historia de la Psicología, fue C. G. Jung quien recuperó estos
conocimientos herméticos y traduciéndolos a un lenguaje psicológico, logró
introducirlos en la cultura occidental moderna, revalorizándolos. Su misión
estuvo encaminada en comprender las manifestaciones del inconsciente:
sueños, fantasías, visiones, alucinaciones, que apareciendo de forma
aparentemente confusa, inconexa y caótica debían encerrar un significado y
un sentido.
Es por esto que ante las imágenes que proporciona el mundo oscuro se podrían
tomar dos actitudes básicas: o dejarlas pasar de largo –lo que significa que
a la larga se seguirán presentando cada vez con mayor fuerza y hasta bajo
forma de síntoma físico- o asumir el compromiso de trabajar con el material
que presentan e intentar darle un sentido y significado personal para
integrarlo a la conciencia. Fue esta la elección de Jung, quien, a partir de
su propia experiencia arquetípica tejió su teoría, amplificándola a través
de los años mientras recorría y vivía su mito personal. Sin saberlo, Jung
era guiado por fuerzas invisibles a cumplir un rol chamánico.
En las tribus animistas, el sacerdote llamado chamán era quien poseía la
llave para penetrar en el mundo de los espíritus y así ser mediador entre la
voluntad de los Dioses y los hombres. Su rol de historiador, sanador, sabio
consejero y jefe espiritual no le era otorgado al azar. El candidato a
Chamán era identificado por determinadas señales que iba mostrando a lo
largo de su niñez y pubertad, que consistían en síntomas físicos y psíquicos
particulares: aislamiento, convulsiones, visiones terroríficas, enfermedades
físicas desconocidas, lenguaje incoherente, etc. Hacia los 15 años se
aislaba al candidato en una gruta y se lo sometía a una rigurosa iniciación,
la cual consistía en someterlo a pruebas que implicaban la confrontación con
el mundo de los espíritus elementales de la naturaleza. En esta lucha
cruenta si el candidato salía victorioso los elementales lo servían como
aliados e intermediarios con otros espíritus dotándolo de poderes sanadores,
del don para interpretar sueños, la capacidad para viajar en tiempo y
espacio, la magia para adoptar formas animales diversas y el conocimiento
curador de las hierbas. Si fracasaba en la prueba, sería vencido por estas
mismas fuerzas bajo forma de muerte o enfermedad, locura y sufrimiento
constante. Hay que recalcar que este mismo resultado era la consecuencia de
rechazar la experiencia iniciática por temor.
En su autobiografía Recuerdos, Sueños y Pensamientos, Jung describe esta
misma experiencia a través de la que entra en contacto con los contenidos de
sus sueños y visiones, la oscuridad y riqueza de su psique y el
enfrentamiento con sus dudas y temores, debido a las imágenes que el
inconsciente le proporcionó durante los años 1912-1920. Fueron para Jung "la
materia prima de un trabajo que duró toda la vida". Necesitaba hallar la
respuesta a las inquietudes que las teorías y los dogmas no habían podido
ofrecerle.
Después de la ruptura con Freud, para Jung comenzó un período de confusión,
se daba cuenta que no poseía un marco de referencia teórico en el cual
basarse, por lo que asumió una actitud de tipo "vivencial". Trabajaba con
sus pacientes sin seguir reglas preestablecidas y trataba de ayudarlos a
entender las imágenes oníricas que éstos le proporcionaban a través de la
intuición y su propio trabajo personal de introspección. Sentía que podía
obtener ayuda de la mitología para acceder al mundo del inconsciente, sin
embargo ésta no le ofrecía mayores respuestas ya que aún no había logrado
descifrar su propio mito.
En un sueño de 1912 Jung entra en contacto con imágenes relacionadas con
muertos y con la leyenda alquímica de Hermes Trimegisto, intenta dar
significado al sueño, pero se da por vencido pensando que lo mejor es
"seguir viviendo", tratando de prestar atención a las fantasías e imágenes
que se presentarían. Otro sueño en cuyo contenido aparecían tumbas de
muertos que volvían a la vida a medida que Jung los observaba, le sugería la
existencia de restos arcaicos inconscientes que cobran vida a través de la
psique; este contenido le sirvió posteriormente para formular su teoría
sobre los arquetipos.
Todo este material simbólico aportado por los sueños Jung no lograba
comprenderlo y vencer así el estado de desorientación, sentía una gran
opresión interna y llegó a pensar que sufría algún tipo de trastorno
psíquico. A través de una revisión de los acontecimientos concretos de su
vida intentó encontrar alguna explicación a su confusión, pero siendo este
camino también infructuoso, decidió entregarse por completo al mundo del
inconsciente.
Lo primero que recordó fue un episodio de su infancia cuando solía construir
casas y castillos con piedra y fango. Este recuerdo sirvió de conector con
su parte más genuina y creativa, por lo que decidió revivir ese momento
retomando esta actividad de "construcción". Empezó a crear una ciudad en la
cual colocó una iglesia, pero notó que se resistía a colocar el altar. Un
día, caminando cerca del lago, encontró una pequeña piedra piramidal de
color rojo, y al verla comprendió que debía tratarse del altar. En el
momento que la colocó en su sitio, volvió a su mente el recuerdo del falo
subterráneo que había soñado de niño, y sintió un gran alivio. Parecía que
el inconsciente lo estaba guiando a la comprensión de aquellas cosas que en
el pasado no habían tenido respuesta.
A medida que realizaba esta actividad de construcción, sentía que sus
pensamientos se aclaraban y que se encontraba en el camino adecuado para
descubrir su propio mito. Desde este momento Jung afirma que a lo largo de
su vida, en los momentos de oscuridad, recurría a la creatividad como una
puerta de entrada a los pensamientos e ideas que quería desarrollar.
En el otoño de 1913, el sentimiento de opresión interna parecía cobrar vida
externamente a través de hechos concretos. Se le comenzaron a presentar
visiones repetitivas que profetizaban una gran catástrofe de tipo colectivo
donde predominaban contenidos de muerte y acontecimientos de sangre,
mientras que una voz interna le aseguraba que todo lo que percibía era
cierto. Jung no lograba explicar estas visiones y llegó a pensar que estaba
psicótico. Las visiones duraron casi un año, con intervalos de meses entre
unas y otras; todas aludían al mismo contenido. En Agosto de 1914 comenzó la
primera guerra mundial. En ese momento Jung comprendió que existía una
conexión entre su experiencia personal y la colectiva, por lo que sintió la
necesidad de explorar a fondo su propia psique y comenzó a anotar todas las
fantasías que le llegaban en sus momentos de juego y construcción, cuando
daba rienda suelta a su creatividad.
Comienza un período en el cual es invadido por toda clase de fantasías e
imágenes, afirmaba sentirse indefenso ante este mundo difícil e
incomprensible pero a la vez intuía la protección convencido de tener que
obedecer a una "voluntad superior". Recurría a ejercicios de yoga para
dominar sus emociones y encontrar calma para así sumergirse de nuevo en su
enfrentamiento con el inconsciente. Traducía sus emociones en imágenes, en
un intento por entenderlas y no ser poseído por ellas. Esta vivencia le
sirvió de herramienta para el proceso terapéutico, es decir: no quedarse en
la emoción sino llegar a las imágenes subyacentes.
Jung concebía este choque con el inconsciente como un experimento científico
sobre sí mismo, donde las mayores dificultades radicaban en el dominio de
sus sentimientos negativos así como en la incomprensión del material que
surgía de su psique, lo que le producía resistencia, oposición y temor.
Temía perder el control y ser poseído por los contenidos del inconsciente,
pero al mismo tiempo sabía que no podía pretender que sus pacientes hicieran
aquello que él no podía hacer consigo mismo. A pesar que consideraba una
experiencia penosa someterse a esto, sentía que el destino se lo exigía.
Obtenía las fuerzas para enfrentarse en esta lucha en la idea que no era
sólo por su bien, sino por el de sus pacientes. Por otro lado, la familia y
la actividad profesional fueron ingredientes indispensables para ayudar a
Jung en todo este proceso. Ambas le recordaban que era un hombre común. El
mundo real y cotidiano complementaba su extraño mundo interior y
representaba la garantía de su normalidad. Jung afirma que esto marcó la
diferencia entre él y Nietzsche, quien había perdido el contacto con la
realidad y vivía sumergido en su mundo interno caótico.
Surgieron entonces dos imágenes importantes. La primera aludía a
transformación, muerte y renacimiento, mientras que la segunda le sugería
que debía dejar de identificarse con el héroe, aniquilar su actitud
consciente y apartar la voluntad. Es decir, abandonar las demandas del Ego
para poder acceder a la conciencia transpersonal.
En otra imagen encontraba a dos figuras bíblicas: Elías y Salomé -
acompañadas por una serpiente negra- quienes afirmaban que pertenecían a la
eternidad. Jung interpretó estas figuras como la personificación de Logos y
Eros. Sin embargo sentía que esta era una explicación demasiado intelectual
por lo que prefirió pensar que eran la manifestación de procesos profundos
del inconsciente.
Posteriormente aparecería en sueño otra figura llamada por Jung "Filemón".
Era un viejo con cuernos y alas de martín pescador, que llevaba consigo 4
llaves. Con él, Jung conversaba y Filemón le decía cosas que le eran
desconocidas, le enseñó la "objetividad psíquica", lo que ayudó a Jung a
distinguir entre sí mismo y los objetos de sus pensamientos. Para Jung esta
imagen representaba una inteligencia superior, un gurú espiritual que le
comunicaba pensamientos iluminados. Más tarde surgió la imagen de "Ka" quien
representaba una especie de demonio de la tierra, un espíritu de la
naturaleza, que en cierta medida complementaba la figura de Filemón.
Mientras Jung anotaba sus fantasías, se preguntaba qué era en realidad lo
que estaba haciendo, ya que ciertamente no se trataba de ciencia. Una voz
femenina que provenía de su interior -que Jung asociaba con la voz de una de
sus pacientes- le respondió que "era arte". Él se oponía a pensar que fuera
arte, sin embargo dejó fluir a esta "mujer interior", aunque se sentía
asustado ante esta presencia desconocida. La llamó "anima", refiriéndose a
la figura interna femenina arquetípica del hombre, mientras que el "animus"
representaba la figura masculina. Describió los aspectos negativos del
"anima" como seducción, astucia y ambigüedad pero con la cualidad de ser la
mediadora entre la conciencia y el inconsciente. Jung afirma que durante
años se sirvió de su "anima" para acceder a los contenidos de su
inconsciente, mientras que en su vejez ya no recurría a ella porque lograba
captar estos contenidos de forma directa.
A través de su "anima", Jung lograba establecer un diálogo con el
inconsciente, acceder a los contenidos del mismo y disminuir la autonomía
que ejercía sobre su persona. El poder que tenían las imágenes se volvió
menos violento. Ya no había un asalto del inconsciente hacia la conciencia,
sino que se establecía un intercambio dinámico creativo.
Estas fantasías Jung las escribió en el "Libro Negro" y posteriormente en el
"Libro Rojo", en el cual se encuentran sus mandalas y las ilustraciones
realizadas por él mismo. Sin embargo sentía que no lograba poner en palabras
aquello que experimentaba, por lo que prefirió dedicarse en profundidad a la
comprensión de las imágenes para así sacar conclusiones concretas de los
mensajes que el inconsciente le sugería. Esta fue la tarea de su vida, ya
que sentía una responsabilidad moral. Afirmaba que el hombre no puede
limitarse a ver surgir las imágenes y sorprenderse ante ellas, debe
comprenderlas porque de otro modo está condenado a vivir de forma
incompleta. "Es grande la responsabilidad humana ante las imágenes del
inconsciente".
En 1916 Jung experimenta una nueva visión: su alma volaba fuera de él, lo
que interpretó como la posibilidad de conectarse con la tierra de los
muertos, de los antepasados o del inconsciente colectivo. Poco después de
esta visión percibía la presencia de espíritus que habitaban la casa
también sus hijos los percibían-, hasta que una tarde los espíritus tocaron
el timbre gritando "Regresamos de Jerusalén, donde no encontramos aquello
que buscábamos". Jung entonces escribe durante tres noches los "Septem
Sermones ad Mortuos" y posteriormente los espíritus desaparecieron. Afirma
que esta experiencia debía ser tomada por lo que fue: la manifestación
externa de un estado emotivo favorable a la aparición de fenómenos
parapsicológicos. La evasión de su alma lo había conectado con los
espíritus. Estos escritos, que son diálogos con los muertos, Jung los
considera una preparación de aquello que debía comunicar al mundo acerca del
inconsciente y sus contenidos.
En este período Jung se encuentra frente a una encrucijada: o seguir aquello
que le dictaba su mundo interno, o continuar con su profesión académica.
Consideraba que no podía seguir enseñando a los estudiantes cuando en su
interior había sólo dudas. Decide entonces dejar su puesto como docente en
la universidad porque "sentía que me estaba ocurriendo algo grandioso", y él
necesitaba descubrirlo o entenderlo antes de poder compartirlo públicamente.
Como consecuencia de esta decisión, inicia un período de soledad ya que no
puede compartir sus pensamientos con los demás: no lo hubieran comprendido.
Ni siquiera él lograba entender las contradicciones entre su mundo interno y
el externo. Sólo cuando pudiera demostrar que los contenidos psíquicos eran
reales y colectivos, entonces, en ese momento podría comunicar su nueva
visión sobre la psique. El riesgo era grande, ya que si no lo comprendían
quedaría totalmente aislado.
Entre los años de 1918-19 empezó a salir de la oscuridad en la que se
hallaba, y esto lo atribuyó a dos factores: por un lado, se distanció se la
voz femenina que quería convencerlo que sus fantasías eran de valor
artístico y por otro, comenzó a comprender los mandalas. Todos los días
dibujaba pequeñas figuras circulares a través de las cuales observaba sus
transformaciones psíquicas. Las consideraba la totalidad del "Self". A
medida que las dibujaba se planteaba la finalidad de esta actividad, pero
sabía que no podía comprender el significado a priori, sino a través del
proceso en sí. Se daba cuenta que el desarrollo de la psique no era un
proceso lineal sino circular, que "todo tiende hacia el centro". Esta
certeza le permitió encontrar paz interior y estabilidad. Era como si él
mismo estuviera encontrando su propio centro.
En 1927 tuvo un sueño que confirmaba esta idea y lo representó a través de
un mandala que tituló "Ventana hacia la Eternidad". En el sueño Jung se
encontraba en una ciudad de forma circular, en un ambiente nublado y oscuro,
en compañía de algunos suizos. A pesar de este ambiente opaco, en el centro
de la ciudad había una plaza con una pequeña isla en el centro donde se
hallaba un árbol de magnolias que tenía luz propia. Sólo Jung había notado
esta presencia de luminosidad, y entonces comprendió que esa era la meta.
Respecto a este sueño Jung afirma " El centro es la meta y todo se dirige
hacia el centro. Gracias a este sueño comprendí que el "Self" es el
principio y el arquetipo de la orientación y del significado... reconocerlo
para mí quiso decir tener la intuición inicial de mi propio mito”.
Sin esta imagen hubiera perdido la orientación y abandonado el camino que
había iniciado, después de tanta oscuridad dicha imagen debía concebirse
como un "acto de gracia", como la manifestación de lo numinoso.
Al año siguiente dibujó otro mandala que tenía un castillo de oro en el
centro, la forma y los colores le sugerían un estilo chino. De manera
sincrónica R. Wilhelm le enviaba una carta con un manuscrito de un tratado
de alquimia taoísta titulado "El misterio de la flor de oro". Esta
coincidencia ayudó a Jung a salir de su soledad, ya que le daba la esperanza
que existían personas con las cuales podía tener afinidad y compartir sus
ideas.
Para Jung estos fueron los años más importantes de su vida: sin cortar los
lazos con su realidad de hombre común y a pesar de la soledad, tomó el
riesgo de sumergirse en su propia oscuridad tratando de encontrarle un
significado y una finalidad a todo aquello que experimentaba. Asumió la
responsabilidad de analizar y comprender el material que el inconsciente le
proporcionaba y fue en la búsqueda de su propio mito.
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