Hace unas semanas tuve un grato reencuentro en el Litoral, uno de esos restaurantes parte de la historia gastronómica de la colonia Condesa, ese barrio bohemio chic de la ciudad de México. Hace casi una década, con su apertura, se convirtió en favorito de asiduos comensales iniciados en el gusto del vino, en un ambiente relajado con una cocina sabrosa y sin pretensiones. Azari Cuenca, inquieto y comprometido cocinero y propietario, en esta ocasión recreó un exquisito platillo de corte tradicional, europeo, con base en mollejas, corazones e higaditos de pato cocinados al vino tinto, lentamente para mantener su consistencia suave y firme, que acompañamos, por su recomendación, con un tinto zacatecano. Una grata sorpresa, había olvidado que este estado cuenta con condiciones geográficas ideales para el cultivo de la vid. Este tinto disipó mi desastroso primer encuentro con vinos rasposos y sin cuerpo -que ofrecían hace más de una década en restaurantes locales de Zacatecas-, por lo que les recomiendo pedirlo si van al Litoral, es equilibrado, con excelente cuerpo y fácil de beber. Antes de la llegada del vino, pedimos para compartir jamón serrano rasurado, de excelente manufactura, aliñado con aceite de oliva extravirgen y cebolla picada finamente. Una entrada recomendable para abrir boca, que al maridar con el tinto mexicano suavizó la sal, armonizando su acidez y el delicado e imperceptible final amargo del aceite. Debo confesar que no pude resistirme ante los tacos de atún al limón, que también compartimos, con tortillitas recién hecha, rebanadas de pescado a la parrilla, guacamole y hojas de lechuga orejona, aderezados con salsa de chipotle como preámbulo de sabrosos recuerdos en esta zona bohemia de la ciudad. Siguiendo con la costumbre de compartir, sugerí el fideo seco con crema, queso añejo, aguacate y salsa de chipotle con comino, que resultó todo un éxito en la mesa. De tanto comer en la calle, como es usual en esta ciudad, valoro profundamente esos sabores caseros que acarician el alma y el paladar de todo mexicano, claro, con el toque exótico que provoca la especia oriental como sello del chef. El siguiente plato, unos mejillones de Ensenada al vino blanco, en su justa cocción y balance, con ese sabor marino del producto fresco, que en la última ocasión me había dejado un dejo de insatisfacción y que en ésta, me resultó muy bien logrado. Remojar el pan francés con la salsa de vino, con apio, cebolla y la esencia de los mejillones al cocinarse, es una delicia, aunque el manual de Carreño lo penalice, le recomiendo probar, no se arrepentirá. Como postre nos decantamos por un crocante de plátano con almendras y leche quemada; un cierre perfecto para concluir esa agradable tarde en compañía de cómplices de correrías gastronómicas, algunos de ellos hacía tiempo no compartíamos una sabrosa comida. Enhorabuena para Litoral y para Azari, que ha sabido mantener en el gusto de sus comensales, junto con Maurice y el resto de sus socios, este exitoso restaurante de la colonia Condesa.
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