Celia Marín Excelente comida, servicio inexperto Uno de los sitios de moda en el norte del país es el recién inaugurado Habita Hecho en Monterrey, en 02 Vasconcelos, cuyo restaurante comandado por el reconocido chef Enrique Olvera del Pujol, uno de los mejores de la ciudad de México, que con su excelente equipo hacen de la sucursal regiomontana una de las más prometedores gastronómicamente hablando, después de afinar su servicio.
Enclavado en el primer hotel de diseño en Monterrey, el arquitecto Agustín Landa y el diseñador parisino Joseph Dirand, crearon en la zona chic -San Pedro Garza García- una visión de lujo con influencia europea en interiores blanco y negro en contraste con mesas de líneas puras como marco a este restaurante vanguardista. Ventanales con vista a la Sierra Madre y al Cerro del Obispado son testigos de tradición y vanguardia en una cocina surgida de la propuesta de este joven chef mexicano, que en ocho años ha sabido posicionarse. Para abrir boca, un tataki de atún, delicioso, en salsa oriental y rebanadas de chile jalapeño, que me hizo dar por terminada esa búsqueda del atún perfecto. Salteado, en corte grueso tipo sashimi, al combinarse con la soya preparada y el jalapeño produjo una explosión de sabor, armonizada al fusionar la sal de la salsa con toques ácidos y el delicado picante. Una combinación placentera, que nos dejó con ganas de más; sin embargo, optamos por ravioles de aguacate con camarón rasurado y mayonesa picante, alcanzando el equilibrio entre la suave textura del fruto, el picor del aderezo y la frescura del marisco rasurado, sutilmente con limón. Fui acompañada de mi querida Celia, que a sus más de 70 años disfrutó tanto como Gustavo, Sonia y yo de esta cocina de autor. Enfrascados en una conversación sobre la calidad de las aceitunas, en especial las calamatas, llega a la mesa un plato de esta variedad, que el chef trajo personalmente, comentándonos que las prepara en su cocina; estaban muy sabrosas, debo agradecer y aplaudir la atención. Seguimos con una terrina de foie gras, de excelente manufactura, con un toque de mango caramelizado; una delicia. Sobre finas rebanadas tostadas de pan, fue ideal para cerrar el renglón de entradas. Como plato fuerte, sea bass chileno con tamarindo, cocinado en su punto con esa suavidad y frescura, que al partirlo con tenedor desprende delicadas lajas de carne blanca con exterior caramelizado por la salsa. Pedimos el mole de olla, un plato casero; la carne se deshacía al cortarla por el tiempo de cocción del caldo con ejotes y zanahorias orgánicas, que subieron este platillo al rubro de la alta cocina. El maridaje ideal fue el Merlot zacatecano Tabla 1, muy recomendable. El pollo rostizado con limón y ajo fue de mis preferidos, debo confesar que no consumo esta carne desde la moda de hormonas para su engorda; han perdido ese sabor, textura y color que recuerdo en mi infancia. Con el temor y la desconfianza de mis cómplices lo elegí, resultando una grata sorpresa. El rigatoni con queso de cabra estaba bien balanceado; sin embargo, perdió frescura al servir los cuatro platos fuertes al mismo tiempo. Lo ideal, empezar con esta pasta de suave sabor, el sea bass, el pollo rostizado y terminar con el mole de olla. El cambio de platos entre platillos hubiera sido natural, sin necesidad de solicitar al mesero que lo hiciera. Estos son puntos a afinar; ya que el servicio es amable, más le falta capacitación. Como postre un brownie de chocolate, gloria y helado de miel, que fue perfecto para cerrar con un dulce sabor.
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