Celia Marín Desatinos en la Antigua Hacienda de Tlalpan Disfruto experimentando nuevos restaurantes, más cuando el resultado es exitoso, y también regresando a aquellos que tenía tiempo de no visitar. En esta ocasión cedo este espacio a mi querido amigo Luis, cómplice de correrías gastronómicas y reconocido sibarita.
En la zona tradicional de Tlalpan, una majestuosa ex hacienda del siglo XVIII, conocida anteriormente como la Casa Chata –lugar de descanso de gobernantes y aristócratas de la época–, se encuentra el restaurante Antigua Hacienda de Tlalpan, al que decidimos regresar tras varios años de no visitarla; se antojaba relajarse, después de una intensa semana laboral. Sentados en una de las mesas del jardín, ordenamos un tequila mientras disfrutábamos de la naturaleza y analizábamos la carta, que por cierto es muy extensa. El servicio es amable, aunque a veces lento. Pasamos a la carta de vinos, que para el tipo y tamaño de restaurante no es la adecuada; se nota que fue elaborada hace tiempo y el poco interés por promover esta bebida, ya que las dos opciones solicitadas no las tenían. Terminamos con una botella de Reserva Real de Domecq: buena opción a precio razonable. Para iniciar, compartimos escamoles al ajillo, un clásico del restaurante; el mesero nos comentó que casi todo el año los tienen en su carta. El ajillo bien elaborado no opacó el delicado sabor ‘amantequillado’ de los escamoles, que acompañamos con tortillas, guacamole y salsa roja. Seguimos con una cazuela de caracoles, que no era lo que esperábamos, empezando por el aspecto y sabor de escasa frescura. Después, compartimos una ensalada de berros con tocino, que en nuestra anterior visita habíamos disfrutado y en esta ocasión carecía de armonía entre la hortaliza, el embutido y el aderezo de limón, que debería marcar la diferencia, ya que es elaborado junto con la ensalada frente al comensal. Como platos fuertes nos decantamos por clásicos muy populares, el filete chemita y el chile en nogada. El chemita, cocinado al horno en su jugo con hierbas y mantequilla llegó al término solicitado, acompañado de espinacas y papas a la crema; muy sabroso en verdad. Para nuestra sorpresa, el chile apareció en la mesa sin la blancura característica de la nogada, la cual no estaba elaborada con nuez de castilla; era evidente el gusto a esencia de nuez y estaba exageradamente dulce. Del relleno mejor no hablamos, estaba incomible, así que terminamos compartiendo el filete. La Antigua Hacienda de Tlalpan es el sitio ideal para llevar a un extranjero. Creo que sería el marco perfecto para disfrutar de una buena comida; sin embargo, es el aspecto que menos cuidan. Es una lástima que la belleza del lugar no corresponda con la calidad de sus alimentos. Si pusieran atención a detalles como servicio, carta de vinos y platillos podría ser el sitio ideal para comer como si estuvieras fuera de la ciudad de México.
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