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La promesa del agua (o la sinrazón de la confianza).por María Teresa Pozzoli
Descripcion
Una de las búsquedas que renovamos día a día desde la profundidad de la experiencia humana es el anhelo de redención: la recuperación del paraíso perd
5.2
Rango
Autor
Nombre
:
E Ayala
Edad
: 5
Ubicacion
: Leon, mexico
Profesion
:
La promesa del agua (o la sinrazón de la confianza)
por María Teresa Pozzoli
Una de las búsquedas que renovamos día a día desde la profundidad de la
experiencia humana es el anhelo de redención: la recuperación del
paraíso perdido a través del sentimiento de la confianza.
Jung especuló que este anhelo de redención -permanente y universal-
sería innato, tratándose de una predisposición arquetípica tan
irresistible como la necesariedad con la que se manifiestan los
instintos primarios. Anclado en el inconsciente colectivo, ese
sentimiento de redención está presente en la lectura de las mitologías
más antiguas y en los significados de ciertas imágenes asociadas con los
misterios de la creación a través del elemento que da origen a toda
sustancia viva: la fuerza del agua.
Los códigos complejos del agua traen perplejidad, siendo la Cosmología,
la Mitología, la Biología, la Psicología desde sus saberes deliberados o
indirectos, sujetos hablantes de la ciclicidad misteriosa del agua.
El agua lava, riega, purifica, nutre, mantiene palpitando, no obstante
también disuelve, deshace, ablanda las formas dadas, y las pudre cuando
se estanca; el agua invade, ahoga y mata. Desde esta condición
atemorizante está presente en el contenido brumoso y fantasmal de las
pesadillas nocturnas, avanzando indómita e incontenible para devorarnos
como dicen los vaticinios de los cataclismos diluvianos.
El agua es el punto de contacto de lo que ha de reverdecer, dado que es
el dominio de lo que por el momento solo palpita y está por-venir, es lo
potencial, es la semilla. Donde no está, ...el polvo estéril, la sed y
la sequedad, la ausencia del color, la seguía y la hambruna de
estómagos, y la peor de las hambrunas: la de las emociones y el
ensimismamiento.
El agua existe al comienzo y es donde regresaremos para volver a dar
vida; metida con fuerza en cada una de las recónditas células actúa como
principio del perpetuo retorno a la vida, por ello el agua está presente
en la vocación de nuestras incansables búsquedas para renovarnos el
sentido de la existencia.
El poder de este elemento vital nos marca de un modo indeleble en el
espacio uterino, las sensaciones allí constituidas marcan el recuerdo
íntimo y primario que nos remonta a ese hábitat acogedor y virtuoso en
el que todo nos era dado: la placidez del Paraíso. El Paraíso perdido, y
por perdido siempre renovado en la promesa de un sueño inconcluso a
orillas de la piel, que nos hace portadores de una nostalgia ancestral,
dado que la resignación se haberlo perdido definitivamente no nos cabe
en las entrañas. Como si se trata de una consigna silenciosa:
reconquistar el territorio donde volver a fundar el reino, la panacea
demorada, el impulso de nuestra vocación de trascendencia, lugar de la
sinrazón donde aparece el Otro como puente que nos lleva a recuperar el
sentido, que nos podría devolver al lugar nutricio del que fuimos alguna
vez expulsados.
El Otro Inefable nos permite el complemento de la estructura vincular,
es la promesa del alivio a través de un abrazo envolvente que nos
sustraiga del aterrador aislamiento en el que la parte más profunda y
delicada del ser se nos pudo haber quedado estancada e inmóvil; el
vínculo con el Otro ahuyenta la amenaza de la disolución.
Cuando no hay vínculo, el instrumento sustituto y solitario que
utilizamos en la búsqueda de hacer realidad la redención del alma es la
fantasía aplicada a la creatividad; independientemente de donde la
apliquemos (poema, escrito, pintura, melodía) la fantasía se concreta en
el producto de una creación que nos trasciende, conectándonos con las
aguas de la vida plena, superando el recuerdo del sufrimiento, la
separación y la soledad.
En los párrafos precedentes utilicé imágenes y metáforas para hablar de
un re-encuentro emblemático, porque quiero en verdad hablar de la
confianza, -sentimiento vital que condiciona la posibilidad de
construcción compartida, de crecimiento humano, de encantamiento y de
Promesa-. El espacio de la confianza nos sitúa en los entreveros de la
autoestima como condición activadora de los propios recursos
motivacionales que median en la posibilidad de sentir que vale la pena
la unión con el Otro. Ahora bien concretamente, ¿ en qué sentimos
confianza ?, confianza en que ahí afuera, detrás de mis fronteras hay
Algo que refleja mis recursos de adentro y que podría en el vínculo,
redimirme/redimirnos, resguardarme/resguardarnos de la transitoriedad y
de la insignificancia. El mensaje entonces se configura en la siguiente
metáfora de redención:
"vale la pena cruzar el puente para encontrarte (al Otro) porque sería
una ocasión transformadora para ambos, y sentiríamos el alma retornando
-por un instante o por un siglo- (¿ qué importa ?) a la sensación del
paraíso".
La promesa dice:
"el encuentro ominoso -con el Otro Inefable- nos podría acercar al
significado mítico del agua, a las primigenias sensaciones del paraíso
perdido, cuando estábamos protegidos y éramos bañados y tranquilizados,
arrullados y nutridos por una leche suave y dulce, parecida al agua
mágica y tibia que adereza la vida con sensualidad y ternura".
Pero esta reflexión sobre la confianza no puede sustraerse del contexto
actual donde la posibilidad de sobrevivencia del globo se restringe y
resulta avara. La amenaza contingente de la muerte global, de los gases
letales, de los contagios biológicos a gran escala, de aviones
piloteados sin apego a la vida, de la sordera de dogmas inclaudicables,
de la exaltación de la soberbia sin rectificación. Del hilo delgado de
estas miserias humanas pende la vida de miles de inocentes que no podrán
conocer de antemano cuando sea su hora. El mundo está en estado de
vigilia, abrumado por su propia barbarie jamás domesticada. La pesadilla
aterradora de la inseguridad y del vacío estando despiertos, y otra vez
el fantasma de la disolución definitiva y el agua que otra vez podría
arrasar con lo que amamos...
La vida siempre aparece como la opción poderosa -incluso frente a
nuestra pulsión de muerte-, y nos devuelve la calma solo con la promesa
de retornar y refugiarnos en el lugar donde todavía nada de lo que hoy
nos asusta y nos ensombrece había ocurrido. Por lo mismo, ...la promesa
de redención, el arraigo a la vida se empecina y permanece en la
sinrazón de la confianza. La sinrazón de la esperanza aferrada en la
irrefrenable pasión de vivir que camina incorruptible por las cornisas
de la necedad humana.
/María Teresa Pozzoli (*)
** Psicóloga Social, Docente Escuelas de Psicología, Universidad
Academia de Humanismo Cristiano, Universidad Internacional SEK./
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